ecosistema-audiovisual
Destacado, Estrategia audiovisual

El ecosistema audiovisual. Cómo gestionar los contenidos en vídeo de una organización

Hubo un tiempo en el que producir un vídeo era, para muchas organizaciones, una acción puntual. Se planificaba una grabación, se producía una pieza y, una vez publicada, el proyecto prácticamente terminaba. Hoy la realidad es muy diferente, ha entrado en juego el ecosistema audiovisual.

Las organizaciones generan vídeo de forma mucho más habitual y en una variedad de situaciones cada vez mayor. Y este cambio no afecta únicamente a la cantidad de contenidos que se producen. También transforma la manera de planificarlos, gestionarlos, distribuirlos y aprovecharlos.

Un evento puede generar una retransmisión en directo, pero también una grabación bajo demanda, varios clips para redes sociales y nuevos contenidos para publicar semanas después. Una entrevista puede convertirse en una pieza completa y, al mismo tiempo, en diferentes fragmentos centrados en temas concretos. Una sesión formativa puede dejar de ser un contenido puntual para convertirse en un recurso disponible durante meses.

El vídeo deja así de ser una colección de piezas independientes y empieza a funcionar como un ecosistema de contenidos interconectados.

Entender esta evolución es importante para que las organizaciones puedan aprovechar mejor sus producciones y gestionar de forma eficiente todo el ciclo de vida de sus contenidos audiovisuales.

La evolución de la producción audiovisual en las organizaciones

Durante años, la producción audiovisual estuvo asociada principalmente a proyectos concretos: un vídeo institucional, una campaña de comunicación, un anuncio o la grabación de un acontecimiento determinado.

La transformación digital y la consolidación del vídeo como uno de los principales formatos de comunicación han cambiado progresivamente este modelo.

Hoy el vídeo está presente en muchas más áreas y situaciones. Las organizaciones lo utilizan para informar, formar, retransmitir, explicar, promocionar, generar comunidad o relacionarse con sus diferentes públicos.

Esto ha dado lugar a una producción audiovisual mucho más diversa y frecuente.

Una organización puede generar, por ejemplo:

  • Retransmisiones de eventos y actos.
  • Webinars y sesiones online.
  • Entrevistas y declaraciones.
  • Vídeos corporativos o institucionales.
  • Contenidos formativos.
  • Presentaciones y demostraciones.
  • Vídeos para redes sociales.
  • Clips de momentos destacados.
  • Grabaciones disponibles bajo demanda.

Además, estos contenidos pueden distribuirse a través de diferentes canales y adaptarse a diferentes públicos.

El resultado es que la producción audiovisual, cada vez más, forma parte de un flujo continuo de creación, gestión, distribución y reutilización de contenidos.

¿Qué entendemos por ecosistema audiovisual?

Hablar de ecosistema audiovisual significa ampliar la mirada más allá del vídeo como pieza final.

Un ecosistema audiovisual está formado por el conjunto de contenidos, formatos, canales, herramientas, procesos y audiencias que intervienen en la estrategia de vídeo de una organización:

Contenidos, como eventos, webinars, entrevistas, sesiones formativas, vídeos corporativos, retransmisiones en directo o clips.

Formatos, desde emisiones en directo y vídeos de larga duración hasta piezas breves, contenidos verticales y grabaciones bajo demanda.

Canales, como la web corporativa, redes sociales, plataformas de vídeo, portales internos, intranets, newsletters o aplicaciones.

Procesos, que abarcan la planificación, producción, edición, almacenamiento, distribución, reutilización y análisis.

Herramientas, que permiten producir, gestionar, distribuir, alojar, reutilizar y analizar los contenidos audiovisuales. En este ámbito, plataformas transversales como Watchity integran diferentes funcionalidades para gestionar de forma eficiente todo el ciclo de vida del vídeo.

Audiencias, que pueden incluir empleados, clientes, ciudadanos, estudiantes, aficionados, socios, medios de comunicación o cualquier otro público de la organización.

Estos elementos no funcionan de manera aislada. Están conectados y, en muchos casos, un mismo contenido puede recorrer diferentes partes del ecosistema a lo largo de su vida.

Por eso, cuanto mayor es la actividad audiovisual de una organización, más importante resulta disponer de una visión global que permita gestionar el vídeo como un conjunto y no como una sucesión de proyectos independientes.

Producción: crear más y reutilizar mejor

El crecimiento de la actividad audiovisual plantea una cuestión importante: ¿es necesario producir un contenido nuevo cada vez que queremos comunicar algo?

No necesariamente.

Una de las principales oportunidades que ofrece un ecosistema audiovisual es la posibilidad de aprovechar una misma producción para generar diferentes contenidos y responder a distintas necesidades.

Un evento puede convertirse en una retransmisión en directo, una grabación completa bajo demanda, diferentes clips con los momentos más destacados, entrevistas a los participantes y piezas breves para redes sociales.

Un webinar puede seguir teniendo utilidad después de su emisión: puede quedar disponible para quienes no pudieron asistir, dividirse en fragmentos temáticos o utilizarse como fuente para otros contenidos.

Esto permite cambiar la lógica de producción: en lugar de pensar únicamente en la pieza que se necesita en un momento concreto, se puede plantear qué otros contenidos pueden surgir de una misma producción.

La clave no es producir vídeo indiscriminadamente, sino conseguir que cada producción tenga un mayor recorrido.

Gestión y almacenamiento: cuando los vídeos empiezan a multiplicarse

Producir más contenidos también significa tener que gestionar más contenidos.

Cuando una organización acumula vídeos procedentes de diferentes eventos, campañas, sesiones formativas o proyectos, guardar los archivos deja de ser suficiente. También es necesario poder encontrarlos, identificarlos, organizarlos y utilizarlos de nuevo cuando sea necesario.

Un contenido que no se puede localizar fácilmente es, en la práctica, un contenido difícil de reutilizar.

Por eso, la gestión audiovisual debe contemplar cuestiones como:

  • Organización y clasificación de los contenidos.
  • Búsqueda y localización de vídeos.
  • Gestión de diferentes versiones y formatos.
  • Control de permisos y accesos.
  • Organización de contenidos públicos y privados.
  • Conservación del archivo audiovisual.
  • Facilidad para reutilizar contenidos anteriores.

Esto adquiere todavía más importancia cuando diferentes equipos producen y utilizan contenidos audiovisuales.

Una gestión centralizada ayuda a evitar que los vídeos terminen repartidos entre discos locales, servicios de almacenamiento, ordenadores de diferentes equipos o plataformas independientes, dificultando su localización y aprovechamiento posterior.

Gestionar bien el contenido es también una forma de proteger la inversión realizada en su producción.

Distribución: llegar a cada audiencia a través del canal adecuado

Crear y almacenar un contenido no significa que haya terminado su recorrido. En un ecosistema audiovisual, la distribución es otra de las piezas fundamentales.

Las organizaciones disponen actualmente de numerosos canales para hacer llegar sus contenidos a sus audiencias: páginas web, redes sociales, plataformas de vídeo, portales privados, intranets o aplicaciones, entre otros. Y cada canal tiene sus propias características.

Un webinar completo puede tener sentido en una plataforma de vídeo o en la web corporativa, mientras que algunos de sus fragmentos pueden funcionar mejor como piezas breves en redes sociales. Un contenido interno puede necesitar un espacio privado con acceso restringido, mientras que una retransmisión institucional puede estar destinada a una audiencia mucho más amplia.

Por eso, distribuir vídeo no consiste simplemente en publicar el mismo contenido en todas partes, sino en decidir dónde tiene sentido cada contenido y cómo debe presentarse en función del canal y de la audiencia.

La distribución multicanal permite, además, ampliar el alcance de una producción sin necesidad de crear contenidos completamente diferentes para cada espacio.

Reutilización y adaptación: una producción puede tener muchas vidas

Uno de los mayores valores de un ecosistema audiovisual es que los contenidos no tienen por qué tener una única vida.

La grabación de un evento puede seguir generando valor mucho después de que haya terminado. Una entrevista puede dar lugar a diferentes clips. Una sesión formativa puede convertirse en un recurso de consulta. Un webinar puede dividirse en diferentes contenidos temáticos.

Pero reutilizar no significa simplemente volver a publicar el mismo vídeo.

Para que un contenido funcione en diferentes contextos puede ser necesario adaptarlo en duración, formato, relación de aspecto, idioma, subtítulos, grafismos o incluso enfoque. Una misma producción puede dar lugar así a diferentes versiones, cada una pensada para un objetivo y una audiencia concreta.

Además, la reutilización puede plantearse desde el principio. Si durante la planificación de un evento se sabe que posteriormente se necesitarán clips para redes sociales, contenidos bajo demanda o fragmentos temáticos, la propia producción puede diseñarse teniendo en cuenta esas necesidades.

De esta forma, la reutilización deja de ser una tarea posterior y pasa a formar parte de la estrategia audiovisual desde el inicio.

Medición: entender qué funciona y qué interesa a la audiencia

Un ecosistema audiovisual también genera una gran cantidad de información sobre cómo se consumen los contenidos.

Las métricas permiten conocer qué vídeos despiertan mayor interés, cuánto tiempo permanecen los usuarios viendo un contenido, qué momentos concentran más abandonos o desde qué dispositivos y ubicaciones se producen las reproducciones.

Algunos de los indicadores que pueden analizarse son:

  • Reproducciones.
  • Usuarios únicos.
  • Tiempo de visualización.
  • Duración media de reproducción.
  • Retención de la audiencia.
  • Puntos de abandono.
  • Dispositivos utilizados.
  • Ubicación de los espectadores.
  • Rendimiento de diferentes contenidos y canales.

Sin embargo, el valor de la analítica no está únicamente en saber cuántas reproducciones ha conseguido un vídeo.

La información debe interpretarse en función del objetivo del contenido. Una retransmisión puede tener como prioridad alcanzar a una audiencia amplia; una sesión formativa puede centrarse en conseguir un consumo completo; y un clip publicado en redes puede tener como objetivo despertar interés hacia un contenido más extenso.

Por eso, medir el rendimiento del vídeo permite cerrar el ciclo y utilizar lo aprendido para tomar mejores decisiones en las siguientes producciones.

La importancia de centralizar la gestión

Cuando los contenidos, canales y procesos crecen, también aumenta la complejidad de gestionarlos.

Producción por un lado, almacenamiento por otro, distribución a través de diferentes plataformas y analítica en herramientas independientes pueden generar procesos fragmentados y dificultar la visión global del ecosistema.

Centralizar la gestión permite conectar diferentes etapas del ciclo de vida del contenido: desde su producción y almacenamiento hasta su distribución, publicación y análisis.

Una plataforma de vídeo puede actuar como punto de conexión entre estos procesos, permitiendo gestionar contenidos en directo y bajo demanda, organizar diferentes tipos de producciones y facilitar su distribución a través de diferentes canales.

Esta centralización también puede ayudar a gestionar aspectos como los permisos de acceso, la seguridad, la personalización de los espacios de vídeo, la distribución multicanal o las métricas de consumo.

El objetivo no es simplemente tener todos los vídeos en un mismo lugar, sino disponer de una infraestructura que permita gestionar el conjunto del ecosistema audiovisual de una organización de una forma coherente, eficiente y escalable.

Conclusión

La evolución del vídeo dentro de las organizaciones no se explica únicamente por el aumento del número de contenidos producidos. También por la aparición de nuevas formas de crear, distribuir, consumir y reutilizar esos contenidos.

Una retransmisión puede convertirse en una grabación bajo demanda y, posteriormente, en diferentes clips. Una entrevista puede alimentar diferentes canales. Un webinar puede seguir siendo útil meses después de su emisión. Y un evento puede convertirse en una fuente de contenidos mucho más allá de su retransmisión en directo.

Esta realidad hace necesario cambiar también la forma de gestionar el vídeo.

Pensar en términos de ecosistema audiovisual significa conectar todas esas piezas y entender que producción, almacenamiento, distribución, reutilización y analítica forman parte de un mismo ciclo.

Porque cuando el vídeo deja de ser una acción puntual y se convierte en un recurso habitual de comunicación, gestionarlo de forma estratégica pasa a ser tan importante como producirlo.

Si quieres descubrir cómo Watchity centraliza y simplifica toda la gestión de los contenidos de un ecosistema audiovisual, no dudes en contactarnos o en agendar una demo para conocer todos los detalles.

Comparte esta entrada

Suscríbete a nuestra newsletter

Obtén recursos gratuitos en tu bandeja de entrada.